Bibliotecas físicas vs.  bibliotecas digitales

Bibliotecas físicas vs. bibliotecas digitales

“Siempre imaginé el Paraíso como una especie de biblioteca” J.L. Borges

Hace tiempo que nos preguntamos por el futuro de los libros de papel frente al imparable avance de los libros digitales. Su uso va extendiéndose a velocidad vertiginosa; actualmente un 5,3% de lectores españoles ya han adoptado los nuevos formatos, según el último barómetro de la Federación del Gremio de Editores. Hace unos días leíamos en El País –edición digital, por cierto– que ya son 15 las bibliotecas públicas que han introducido, con sorprendente éxito, el préstamo de libros digitales, que se ampliará en los próximos meses a más de cincuenta bibliotecas estatales. Por el momento estos e-readers permiten leer más de un millar de títulos libres de derechos de autor “mediante un sencillo procedimiento”. De modo que a nuestras dudas sobre la supervivencia de los libros tradicionales, se suman nuevas incógnitas: ¿cuál será el futuro de las bibliotecas tal y como las conocemos hoy? De momento coexisten con las bibliotecas virtuales y con las plataformas de préstamo de libros electrónicos, pero si en el futuro los e-readers forman parte de nuestro ajuar doméstico de manera indisoluble, como parece apuntar la tendencia actual, ¿seguirá teniendo sentido acudir físicamente a las bibliotecas? Y no me refiero sólo a la tramitación tradicional del préstamo con todas sus ventajas e inconvenientes –actividad seriamente amenazada–, sino a la carga digital de libros prestados. ¿O el revolucionario soporte permitirá, incluso, tramitar el préstamo? La idea resulta atractiva: se abre ante nosotros la ilimitada posibilidad de acceder a una infinita biblioteca virtual sin movernos de casa… es el sueño de una nueva biblioteca de Alejandría.

Es un asunto complejo y serán precisas grandes dosis de creatividad y de agilidad por parte de los legisladores competentes para acompasar las leyes al imparable desarrollo tecnológico y a las demandas de una sociedad cada vez más exigente y más conectada a través de las redes sociales –como han demostrado los recientes acontecimientos vividos estos días en Egipto–. Es necesario definir los nuevos papeles de lectores, autores, editores, bibliotecas… Pero que no se equivoque el Director General del Libro, Rogelio Blanco, que manifestó la necesidad de “encontrar una solución que respete al lector, al autor y al editor, sin alterar el ecosistema”, ya que es precisamente el ecosistema lo que deberá alterarse para conseguir un nuevo equilibrio.

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